Todo el mundo llega a Málaga por la Catedral, la Alcazaba y el Teatro Romano. Pero el casco antiguo, compacto y peatonal, guarda rincones que rara vez aparecen en las guías: pasajes con historia literaria, bodegas donde el tiempo se detuvo y patios que sobrevivieron a la ciudad moderna. Lo mejor es que están todos a pocos minutos a pie unos de otros, así que puedes hilarlos en una misma tarde. Aquí va la ruta.
Pasaje de Chinitas: el rincón literario de Málaga
A un paso de la Plaza de la Constitución se abre este estrecho pasaje en forma de cruz, con una pequeña plazoleta en su centro. Aquí funcionó el legendario Café de Chinitas, un café-teatro flamenco del siglo XIX que tomó su nombre de un actor apodado 'Chinitas'. Su fama traspasó fronteras cuando Federico García Lorca recogió y popularizó la copla 'En el café de Chinitas'. El portal de entrada desde la plaza es, de hecho, lo que queda de un antiguo convento de agustinas descalzas: el pasaje nació de las desamortizaciones del XIX.
Calle San Agustín y sus casas señoriales
Tour completo a pie por el Centro Histórico de Málaga con entradas incluidasVer disponibilidad →Esta calle estrecha, antaño residencia de nobles y comerciantes, es hoy una de las más elegantes del centro. En ella se levanta el Palacio de Buenavista, un edificio renacentista del siglo XVI que alberga el Museo Picasso Málaga (Calle San Agustín, 8). Merece la pena fijarse en las fachadas, los zaguanes y los patios interiores que asoman al pasar.
- Entrada general a la colección: 13 €.
- Entrada reducida: 11 € (mayores de 65, Carné Joven y estudiantes menores de 26).
- Gratis las dos últimas horas de apertura de cada domingo, y para menores de 17 años.
- El horario cambia según la temporada: abre a diario a partir de las 10:00 y cierra entre las 18:00 y las 20:00; confirma la hora de cierre el día de tu visita.
Las huellas de la antigua muralla nazarí
Málaga fue una ciudad amurallada durante siglos, y aún quedan tramos de aquella muralla nazarí integrados en el tejido urbano. Los verás asomando en la Calle Alcazabilla, a los pies de la Alcazaba, y en la Calle Císter, junto a la Catedral, donde la piedra medieval convive con edificios modernos y patios interiores. No hay carteles llamativos: hay que ir con los ojos abiertos, y ahí está la gracia.